El Ocaso de los Vampiros by Colleen Gleason

El Ocaso de los Vampiros by Colleen Gleason

Author:Colleen Gleason
Language: eng
Format: epub
Publisher: Avid Press
Published: 2012-05-17T04:00:00+00:00


Quince

Victoria rompe el pacto

“Vinimos a verte anoche tras oír las noticias sobre el incendio”, comentó Lady Melly con voz circunspecta. “Pero Verbena insistió en que estabas descansando y que habías pedido que no se te molestara. Nos hizo esperar abajo por más de una hora y ni siquiera nos ofreció una taza de té”, reprochó su madre mirándola con insistencia.

Victoria sabía que su madre estaba exagerando, pues era imposible que permanecieran calladas por más de una hora, pero así y todo no la contradijo. Sabía que Verbena era muy obstinada y que por mucho que insistieran no las dejaría pasar. No daría su brazo a torcer tan fácilmente.

“Lo siento mucho madre, no me sentía con ánimos de recibir a ninguna visita”, respondió Victoria, cubriéndose las heridas del rostro con una mano para no preocupar a su madre. Con el correr de las horas parecían hacerse cada vez más visibles y luego añadió: “Cuando Verbena me comentó que habían venido a verme me puse muy contenta y me dio ánimos para levantarme”.

“No te ves muy bien”, expresó su madre. “Los incendios son algo horrible”, repuso intentando mantener el porte, aunque Victoria sabía lo que eso significaba para ella.

Victoria asintió con la cabeza y abrazó a su madre, envolviendo sus dedos alrededor de las delgadas muñecas de Melisande. El padre de Lady Melly había fallecido en un incendio cuando ella era pequeña y siempre describía el episodio como algo espantoso. Su madre, secándose las lágrimas que inevitablemente cubrieron su rostro, añadió, “Yo tuve la fortuna de escapar con tan sólo algunas cicatrices, pero otros no corrieron esa suerte. Nunca olvidaré aquel episodio”. Lady Melly se secó la nariz con un pañuelo y continuó hablando: “Cuando tu doncella no me permitió subir a verte debo admitir que me molestó, me sentí ofendida. Eres sangre de mi sangre y por eso acudimos a Rockley para que intercediera”. Victoria abrió los ojos. “Madre, debes comprender…”, pero su madre la interrumpió: “El joven está muy interesado en ti y no hay necesidad de ocultarlo. Después de todo, no es como si Rockley, tu Rockley y el nuevo Rockley, fueran hermanos”, insistió Melly esforzándose por hacerla entender. “A decir verdad, son parientes muy lejanos y si lo eligieras, podrías continuar siendo una marquesa. Nadie te juzgaría por ello, al contrario, parecería el camino correcto”, señaló.

“Ya soy una marquesa”, le recordó Victoria con firmeza. “Madre, debes dejar de buscarme pareja. Soy una viuda y no tengo deseos de volver a casarme”. Al decir Victoria esas palabras comprobó de inmediato el efecto que causaban en su madre, y si bien ésta se mostró perpleja e incómoda, ella, en cambio, se sintió mucho mejor. Volver a contraer matrimonio en el sentido clásico de la palabra no era una posibilidad a tener en cuenta. Lo que Victoria debía entender era que se trataba de la última descendiente directa de los Gardellas y que debía continuar con el linaje, lo cual la obligaba a imaginar escenarios que de otra manera no consideraría…

Además de ello, el papel de Illa Gardella era una responsabilidad demasiado grande para asumirla sola.



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